
La distancia al router, las interferencias o el dispositivo utilizado pueden influir en el rendimiento y provocar un WiFi lento, incluso con fibra de 1 Gb.
La velocidad de una conexión a Internet es uno de los aspectos que más valoran los usuarios a la hora de contratar una tarifa de fibra. Sin embargo, también es habitual que surjan dudas cuando el rendimiento que se obtiene a través del WiFi no coincide con la velocidad anunciada por el operador.
Uno de los malentendidos más frecuentes es pensar que la velocidad contratada será exactamente la misma que veremos en todos los dispositivos conectados de forma inalámbrica. La realidad es que contar con una conexión de fibra de 1 Gb no garantiza que móviles, ordenadores o tablets naveguen a esa misma velocidad por WiFi.
Aunque pueda parecer contradictorio, la velocidad de la fibra y el rendimiento de la red inalámbrica son conceptos diferentes. Comprender esta diferencia es clave para saber qué podemos esperar realmente de nuestra conexión y por qué, en ocasiones, el WiFi no alcanza la velocidad que imaginábamos.
Entre la conexión que llega hasta el router y el dispositivo desde el que navegamos intervienen numerosos factores que pueden afectar tanto a la velocidad como a la estabilidad de la conexión.
Veamos cuáles son los más habituales.
Tener 1 Gb contratado no significa recibir 1 Gb por WiFi
Empecemos por una de las ideas que más confusión genera.
Cuando contratas una conexión de fibra de 1 Gb, esa velocidad corresponde a la conexión contratada y a las condiciones en las que se realiza la medición. Sin embargo, eso no significa que un móvil, ordenador o Smart TV vaya a recibir exactamente 1 Gb cuando se conecta mediante WiFi.
La conexión inalámbrica depende de diferentes elementos. Entre ellos están el router, la tecnología WiFi que utilice el dispositivo, la distancia hasta el router, las paredes y otros obstáculos, el número de dispositivos conectados y las condiciones de la propia red.
Por este motivo, es posible tener una conexión de fibra rápida y, al mismo tiempo, notar que el WiFi funciona peor en determinadas zonas de la vivienda o de la oficina.
La fibra proporciona la conexión. El WiFi es el sistema que permite distribuirla de forma inalámbrica dentro del espacio.
La ubicación del router puede marcar la diferencia
Uno de los aspectos más sencillos de comprobar es dónde está situado el router.
En muchas viviendas acaba colocado donde resulta más cómodo para la instalación, aunque no sea el lugar más adecuado para distribuir la señal. Puede estar detrás de un mueble, dentro de un armario, en una esquina o rodeado de otros objetos.
La señal WiFi necesita espacio para propagarse. Si el router está demasiado escondido o situado en una zona poco favorable, la cobertura puede verse afectada.
Siempre que sea posible, es recomendable colocar el router en una posición relativamente céntrica, elevada y despejada.
No siempre será posible cambiar su ubicación, pero comprobar este punto puede ser un buen primer paso cuando existen problemas de cobertura.
Cuantos más dispositivos, mayor uso de la red
Hace unos años era habitual tener conectados al WiFi uno o dos dispositivos. Hoy la situación es muy diferente.
En una vivienda podemos encontrar varios teléfonos móviles, ordenadores, tablets, televisores, consolas, cámaras y otros dispositivos conectados a la misma red.
No todos consumen la misma cantidad de datos, pero cuando varios equipos están utilizando la conexión al mismo tiempo, especialmente para actividades que requieren un uso elevado de Internet, la red tiene que gestionar muchas conexiones simultáneas.
Por ejemplo, mientras una persona realiza una videollamada, otra puede estar viendo contenido en streaming y otra descargando archivos.
Esto no significa necesariamente que la conexión de fibra sea insuficiente. Puede ser simplemente una cuestión de cómo se está utilizando la red en ese momento.
La distancia también afecta al WiFi
La señal inalámbrica no tiene la misma intensidad en todos los puntos de una vivienda.
Normalmente, cuanto más lejos nos encontramos del router, más puede disminuir la calidad de la señal. Por eso puede ocurrir que junto al router la conexión funcione perfectamente y que, en cambio, en una habitación alejada la velocidad sea mucho menor.
Este problema puede ser especialmente evidente en viviendas grandes, oficinas con varias estancias o edificios con diferentes plantas.
Si el problema solo aparece en determinadas zonas, es importante tener en cuenta que quizá no estemos ante un problema de velocidad de fibra, sino ante un problema de cobertura WiFi.
Las paredes y otros obstáculos también influyen
La distribución de una vivienda u oficina puede tener un impacto importante en la calidad de la señal.
Las paredes, techos, muebles y determinados materiales pueden dificultar la propagación de las ondas WiFi. Cuantos más obstáculos tenga que atravesar la señal para llegar hasta un dispositivo, mayores pueden ser las dificultades para mantener una conexión de buena calidad.
Por eso, dos viviendas que tienen exactamente la misma tarifa de fibra pueden ofrecer experiencias WiFi completamente diferentes.
La conexión contratada puede ser la misma, pero el espacio, la ubicación del router y los dispositivos utilizados no lo son.
¿Cómo saber dónde está realmente el problema?
Cuando el WiFi funciona mal, es habitual pensar inmediatamente que necesitamos contratar una conexión más rápida. Sin embargo, antes de tomar esa decisión conviene comprobar qué está ocurriendo.
Una primera prueba consiste en comparar el funcionamiento de la conexión cerca del router con el de las zonas donde tenemos problemas.
También puede resultar útil comparar una conexión mediante cable con una conexión WiFi. Si la velocidad mediante cable es correcta y el problema aparece principalmente al utilizar WiFi, podemos tener una pista importante sobre el origen de la incidencia.
Para comprobar la velocidad de tu conexión, puedes realizar una prueba de velocidad y comparar los resultados obtenidos mediante cable y WiFi.
Además, conviene comprobar si el problema afecta a todos los dispositivos o solamente a uno. Un ordenador o un teléfono con determinadas características puede tener un rendimiento WiFi diferente al de otro dispositivo conectado a la misma red.
Por tanto, no existe una única causa para todos los problemas de WiFi. Es necesario analizar cada situación.
¿Qué puedo hacer para mejorar mi conexión?
Antes de cambiar de tarifa, hay algunas comprobaciones sencillas que pueden ayudarnos a identificar el problema.
Lo primero es revisar la ubicación del router y comprobar si está en un lugar abierto y adecuado. Después podemos observar si los problemas aparecen en toda la vivienda o únicamente en determinadas zonas.
También conviene revisar cuántos dispositivos están conectados y realizar pruebas en diferentes puntos. Si es posible, comparar la velocidad por cable con la velocidad por WiFi puede aportar información muy útil.
Cuando el problema está relacionado con la cobertura, puede ser necesario estudiar otras soluciones para mejorar la distribución de la señal.
La clave está en identificar primero el origen del problema y buscar después la solución adecuada.
Conclusión
Tener contratada una fibra de 1 Gb proporciona una conexión con una gran capacidad, pero no garantiza que todos los dispositivos vayan a recibir esa misma velocidad mediante WiFi.
La ubicación del router, la distancia, las paredes, el número de dispositivos conectados, la tecnología WiFi y las características de cada dispositivo pueden influir en el resultado final.
Por eso, si notas que tu WiFi va lento, no siempre necesitas contratar más velocidad. En muchas ocasiones, el primer paso debería ser comprobar cómo está funcionando realmente tu red y localizar dónde se encuentra el problema.
En VirtualTwin creemos que una buena conexión no consiste únicamente en contratar más velocidad, sino en conseguir que esa conexión funcione correctamente allí donde realmente la necesitas.
Una buena conexión empieza por entender qué está fallando.

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